Eran unos 100. Nunca había oído los rugidos de tantas motos juntas. No eran las famosas y míticas Harley, pero en nada desmerecían a las míticas motos estadounidenses. Eran Vulcan. Volcanes. Y sonaban como tal. La misma fuera y la misma belleza.
Por suerte, cero destrucción. Simplemente, un grupo de gente que tiene una moto y le gusta usarla. Quizá se nota que son gente con dinero. ¿Cuánto se ha gastado en su moto? “no lo puedo decir”, o “mejor no te lo digo que mi mujer no lo sabe”, o “he perdido la cuenta”.
Aunque más de uno llevaba a la parienta de paquete. Y más de una mujer llevaba la moto. Curioso. Sobre todo, porque son perfectos para derribar ese mito de los “ángeles del infierno”. Se dedicaron a aparcar las motos en la Plaza del Castillo, a pasear. “Queremos ver cultura”.
A todo esto, eran socios del club de propietarios de motos vulcan (VOCS), cuya delegación en Navarra celebraba su décimo aniversario.

Escrito por A.S.B. 

