Los Sanfermines dan, además de para beber y encontrarse con los amigos, para tomarse el tiempo que sea necesario en charlas interminables, de esas que arreglan el mundo. Si tus amigos tienen cierta cultura y formación intelectual, es probable que a veces uno supere el “qué mal está todo” y diga cosas interesantes.
Una de las preguntas a las que más vueltas doy desde hace al menos tres años es, precisamente, qué significa ser un héroe. Y, como mínimo, sé algunas cosas que no son heroicas. Aunque los medios de comunicación, necesitados de historias que ensalzar ante una sociedad que cada vez rebaja más el nivel moral medio, traten como auténticos ejemplos de heroicidad cosas que no lo son.
En concreto, hablaba con mi amigo de la conocida historia de Jesús Neira, ese hombre que defendió en la calle a una mujer que estaba siendo maltratada y acabó en coma. Lo hacíamos en comparación con la reciente noticia de un apuñalamiento en una calle céntrica de Sitges. En esta localidad catalana nadie salió en ayuda del herido. En el caso de Neira, él lo hizo. Y por eso se le considera un héroe.
Con todos mis respetos hacia este héroe social, siento decir algo de lo que probablemente él sea el primer enterado. Sólo hizo lo que debía. Y el resto de gente que estaba por la calle y no le avisó cuando el cobarde maltratador se le acercó por la espalda y no avisó de la traición a Neira, ellos fueron quienes lo hicieron mal.
Lo normal debería ser que si alguien tiene la mala baba de agredir a alguien en un lugar público, todo el mundo se abalanzara contra él. Que si un tío con una navaja está contra uno, vengan las 15, 20 o 30 personas que lo vean, le rodeen, y digan: “Llevas una navaja, nosotros no, así que elige bien a quién de nosotros vas a atacar, porque como mucho te dará tiempo a ir a por uno”.
Hemos visto las historias de los corredores del encierro ayudando cada vez que otro es corneado. Perfecto. Enhorabuena por ellos. Pero eso no va a convertir a ninguno de ellos en un héroe. Ellos son los primeros que resaltan ese espíritu de camaradería, que, una vez tomado el riesgo de correr, toman igualmente el riesgo de salvar a un compañero suyo. Por muchos codazos que se den para coger el lugar frente a la cabeza del toro. Si alguno es corneado, enseguida ves a otros corredores tirar del rabo del astado para apartarlo. Y ninguno de ellos se siente un héroe, como podéis comprobar en la historia de César García intentando salvar a Daniel Jimeno (aquí los héroes son su familia y amigos, que tendrán que soportar su pérdida y lo están haciendo con una entereza insólita).
Creo que ha quedado claro que hacer lo que uno debe no es ser un héroe, aunque el nivel de mediocridad del que disfrutamos en estos tiempos nos lo haga ver así. Entonces, ¿qué es ser un héroe?
Me gustaría tener una respuesta, pero me temo que no la hay. Ser un héroe depende de muchas cosas. Un héroe debe responder ante situaciones extraordinarias. Tiene que tener una ética marcadísima, y saber utilizarla en los momentos en los que más se ponga a prueba. ¿Qué momentos? Bueno, depende de cada uno. Pero generalmente uno no se planta y dice: “Quiero ser un héroe”, sino que es llevado por una motivación, y hace lo correcto mucho más que otros.
Hace poco murió uno de ellos. Vicente Ferrer (mirar a partir de la página 36 del link). Toda una vida con los parias. Cambiando un país con su fe y su constancia. Aunque, si a los que hacen lo que deben les tratan como héroes, a personas como ésta les tratan mejor, y en la India algunos ya le adoran como un dios.
Escrito por A.S.B. 


