Hace tiempo que no escribo aquí, y por fin sé el motivo. Durante todo este tiempo he deseado que se me tragara la tierra. No lo sabía, pero lo he pensado.
Odio hablar de mí. Pero necesito hablar de mí. Si fuera una persona perfecta y segura de mí mismo como lo intento con cada nuevo día en que amanece, no escribiriá estas líneas.
Pero no soy todo lo que quiero ser. No llego a mis expectativas. No llego. No llego. No llego. No llego. ¡No llego! ¿Y cuál es el problema?
Un fantasma me persigue, y le temo tanto que no me atrevo ni a gritarlo, ni a susurrarlo, ni a escribir su nombre. Un fantasma con el que llevo luchando 13 años. Cuando mi victoria, o mi derrota, sea definitiva, te nombraré. Ese día todo habrá acabado.
Por ahora, ¡quédate encerrado en mí! ¡Y no salgas!
Hay fantasmas que desaparecen en cuanto prouncias su nombre… Ánimo, y que sepas que sólo son eso, fantasmas.